Del prólogo · Lectura gratuita
La fascinación del mal
«Pues la fascinación del mal oscurece el bien y el vértigo de la pasión pervierte una mente sin malicia.»
Sabiduría 4, 12Empecemos por ahí, por esa palabra que la Escritura usa: fascinación. No violencia, no ataque frontal, fascinación. El demonio no llega con cuernos y olor a azufre; llega como algo que brilla, que entretiene, que parece inocente. Y eso es exactamente lo que describe el mundo de hoy desde el primer momento de vida.
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Para entender por qué caemos en la tentación, debemos recordar nuestra condición fundamental. Aunque fuimos creados a imagen de Dios, el pecado original dejó una herida en el alma. Esta herida no es un defecto de crecimiento, sino una ruptura ontológica que nos inclina hacia el mal a través de la concupiscencia.
Así sigue el libro, a lo largo de 105 páginas.

